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viernes, 15 de abril de 2016

Paisaje geológico en Peniche - Portugal

Patrimonio geológico, paisaje sobresaliente, espectáculo natural y curiosidad singular …

Coastal cliffs in Cabo Carboeiro, Peniche (Portugal) constitute a geological patrimony, an outstanding landscape, a natural show and a singular curiosity...





Los acantilados costeros del cabo Carboeiro en la península de Peniche, Portugal tienen un mucho de todo esto.

Desde el punto de vista técnico, se trata de una serie sedimentaria jurásica de elevado interés científico, con categoría internacional, en donde se identifica el tránsito Pliensbachiense-Toarciense, en el Lias, en capas subhorizontales de calcarenitas con amonites... con estratificaciones cruzadas y otras singularidades en las que no nos vamos a adentrar en más detalle.


They correspond to a sedimentary Jurassic series with an International scientific interest for Lias identification.


Sin embargo, y ahí reside lo que llama poderosamente nuestra atención, la disposición de las capas, con un incidente proceso de carstificación vertical a favor del diaclasado, desgaja un mosaico de bloques, apilamientos de capas horizontales, variado y excepcional laberinto sobre el acantilado.











Strata position with a deep vertical carstification along the jointing gives result to a block mosaic of horizontal layers, varied and exceptional laberynth above the cliffs.

Vigía atemporal, inspeccionando el horizonte en busca de cualquier novedad... el frente impertérrito del acantilado afronta el océano, por buena o mala mar, cara al viento atlántico... 


No time spotter, inspecting the horizon in quest of any news... the ocean cliff  afaces the atlantic wind...

jueves, 17 de marzo de 2016

La Cascada del Hornillo



Este año, con un invierno tan cálido, tan suave y tan seco que apenas hemos tenido ocasión de disfrutar de las nieves, bien sea de sus vistas o de pisarla, no se podían desaprovechar las casi únicas nevadas, finalizando febrero y… a pesar de una copiosa ventisca, salí a recorrer el primer lugar que me viniera a la mente… cercano, fácilmente accesible, de breve recorrido y de intensa escena.

Y cual podía ser ese lugar… pues la Cascada del Hornillo, en Santa María de la Alameda… 


Cumple con todos los requisitos: está cerca, un poco más allá de El Escorial, se llega bien por carretera, apenas hay que andar un kilómetro por una pista suave… y la escena es pequeña pero intensa… como un sorbo de buen vino, como una bocana de perfume.

De hecho, no sé lo que estaría otra gente pensando, pero a pesar del frío y la cellisca que invitaba más a quedarse en casa o como mucho a ir al cine, el pequeño aparcamiento junto al puente de La Aceña estaba atestado… Yo desde luego lo tenía claro y la alternativa a un día de pereza era un buen paseo, aperitivo en Zarzalejo y tarde de chimenea… 

La fuente de agua clara y desde luego fría surte un grueso caño que no me parece que sea el mejor día para aprovechar…


El humilde arroyo del Hornillo entrega en este lugar sus aguas al río de la Aceña, que viene de Peguerinos. A su lado, una pista forestal discurre monte arriba entre pinos silvestres. Sobre la pista, sobre los pinos y sobre las rocas del arroyo, la nieve ha cuajado y cubre el paisaje con un manto ligero y algodonoso, de contornos redondeados y tacto suave. Una nieve efímera que apenas podrá perdurar. 

Sigo esta pista, un escaso cuarto de hora hasta que, cruzando el arroyo por un puente continúo aguas arriba por la orilla opuesta del arroyo, siguiendo un sendero que, tomando algo de altura, en otro breve cuarto de hora alcanza el salto.


La cascada del Hornillo no es, sencillamente, nada extraordinario, con sus diez escasos metros de altura y habitualmente con un exiguo caudal que más que saltar, se escurre por una lancha de roca gnéisica casi vertical. 

Y sin embargo, en tan modesto paraje, el pequeño arroyo ha creado un paisaje intenso… una pequeña pieza de orfebrería, una luminosa cola de caballo que se despeña hasta una pequeña poza, y vuelve a caer en saltos más pequeños, menos verticales que terminan en otra poza.




Las lluvias y la nieve que ya se ha fundido, han aumentado este caudal y el agua que brinca de poza en poza alcanza el salto, en donde, como un collar de perlas se precipita en breve cascada sobre un pecho curvo de roca.



Al puente de la Aceña, inicio no ya de la excursión sino del paseo, se llega por la carretera de El Escorial a Ávila (M-505) pasado el puerto de la Cruz Verde y el alto de la Paradilla, en donde se ha de tomar la desviación a Robledondo. Cuatro kilómetros más adelante y antes de emprender la subida a Sta. María o Peguerinos, se encuentra el puente y a su lado un cómodo aparcamiento.



Si la subida hasta la cascada no es suficiente, se puede proseguir arroyo arriba, tampoco gran cosa, porque este apenas alcanza cinco kilómetros de longitud. 

Llegaremos por entre pinos y roquedos hasta unas praderías y a un collado, que hacia la izquierda nos permiten regresar por empinada bajada al amplio y pelado valle del río de La Aceña. 

Tras alcanzar una antigua nave ganadera, alcanzaremos de nuevo el puente de La Aceña siguiendo una cómoda pista y completando un recorrido circular de unas dos horas de duración.


sábado, 6 de febrero de 2016

Image of Las Médulas


"World Cultural Landscape," a certainly curious title, but nothing against the truth of a unique place in the world, where not from immemorial time, but as old as Roman times, the lands have been carved, first with men effort and ambition driven iron chisel, with water wisely brought from remote locations and with the commitment of a people perhaps ahead of their time, but then left to the slow but inexorable action of rain, wind and the roots of trees and ivy.

A symbiosis between the historic work of a civilization and the forces of nature tamed at their service, or left to their own action… all of which has earned for "Las Médulas" a place to be known worldwide. So famous that I will not get into descriptions in this post of the "life and whereabouts" of the creation of this landscape, its abandonment and its evolution over more than twenty centuries.


I will not however resist, popular as they may be, to show the magic of a clear winter light late afternoon view of Las Médulas, through crystal and transparent atmosphere… Just one of those winter breeze evenings where the relief seems closer and the low sun shadows increase its contrasts... light strokes, shadow strokes, barely no nuances. The orange color of the gold-bearing land is further intensified by the evening light tone... copper, vinous, whatever...



“Paisaje Cultural de la Humanidad”, un título curioso y desde luego rimbombante, pero que en nada atenta a la verdad de un lugar único a nivel mundial, en donde desde tiempos no inmemoriales pero sí tan antiguos como la época de los romanos, las tierras han sido talladas primero al cincel del hierro manejado por el esfuerzo y la ambición de los hombres, del agua traída con ingenio desde lugares remotos y del empeño de unas gentes quizás adelantadas a su tiempo, pero después dejadas a la más lenta pero inexorable acción de la lluvia, del viento y del arraigo de los árboles y de las hiedras.

Una simbiosis entre la labor histórica de una civilización y las fuerzas de la naturaleza domesticadas a su servicio, o dejadas a su libre acción y que han valido para que “Las Médulas” sean un lugar mundialmente conocido. Tan célebre que no voy a entrar a describir la “vida y milagros” de la creación de este paisaje, de su abandono y de su evolución a lo largo de más de veinte siglos.

No voy sin embargo, por muy popular que sean, a resistirme a mostrar la magia de Las Médulas, en una tarde de luz clara de invierno, diáfana y cristalina, transparente como solo lo son esas tardes de brisa invernal en las que el relieve parece acercarse y las sombras del sol bajo aumentan el contraste de los relieves… trazos de luz, trazos de penumbra, sin apenas matices. El color anaranjado de la tierra aurífera se intensifica además con la luz de la tarde… con su tono encendido, cobrizo, vinoso, qué se yo…



Una imagen primera del conjunto, del titánico esfuerzo movilizador de millones de toneladas de tierras que fueron sacadas a golpe de piqueta y arrastradas por el agua, del “ruina montium”…, para dar a parar en el dique de Carucedo y a embalsar el río… Quién sabe cuántos miles de personas acarreándola durante siglos, generación tras generación, para arrancarle el oro que demandaba Roma.




Y de Orellán a Las Médulas, a un paseo en el interior del relieve, de sobrevolarlo a estar a los pies de las paredes, de los picachos y los cortados, por senderos entre los castaños centenarios y sin compañía…, que en una tarde invernal y con la casi totalidad de los negocios del pueblo cerrados, no es probable sino encontrarse aquí solo consigo mismo, con el silencio y con un sosiego absoluto, avanzando entre la maleza de la existencia sin roce ni rasguño...
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